domingo, 18 de septiembre de 2011

PLEYADIANOS SOBRE LA SANACIÓN


Nuestros pensamientos, creencias, sentimientos y actitudes hacia nosotros mismos y hacia los demás están detrás de cada acto inconsciente y destructivo o detrás de las circunstancias a través de las que nosotros y nuestro planeta podemos sanar. La elección es nuestra. Estas energías contribuyen de forma constante a la creación compartida del mundo en cada nivel. Los pensamientos son una energía que se puede medir, y el movimiento de energía tiene un efecto en todo lo que la rodea. A partir de un pensamiento comenzó la Creación, y nuestros pensamientos están continuamente recreando -o destruyendo-. La expresión «piensa en grande, actúa en pequeño», quiere decir que debemos empezar por examinarnos y cambiarnos a nosotros mismos; entonces, lo que hagamos y las actitudes que tengamos se extenderán a las personas queridas, la comunidad, e incluso llegarán más lejos.
Una vez que veamos claramente la esencia de ser «buenas» personas, la evolución continúa en un nivel superior. Siempre existe otro escalón por subir para alcanzar lo mejor de uno mismo, y esto es de lo que en última instancia somos responsables. Afortunadamente, el anhelo -y la visión deseada- de llegar a ser lo mejor posible llena cada día de nuestra vida. Este anhelo nos dará motivos para nunca estar tan satisfechos como para estancarnos. Claro que es también vital para nuestro crecimiento la aceptación de nosotros mismos dondequiera que estemos en cada momento del día. Sin ella nos debilitamos por falta de autoestima y nos imponemos castigos. Sin embargo, el anhelo espiritual por Dios, la iluminación, el amor divino y el final de la separación es la fuente de nuestros logros. Es lo único que inspira al alma.
Desde que el Cristo sentó el ejemplo de lo que llegaremos a ser, hemos tenido casi veinte siglos para desarrollar los juegos de control, las pautas kármicas y las formas de pensamiento planetarias manifestadas. Hemos visto y experimentado todas las adicciones y obsesiones que nos han mantenido alejados de nuestro poder y bajos de autoestima. Son las siete pautas kármicas del círculo solar citadas en el capítulo cuarto que nos han mantenido atrapados desde que empezó la colonización de este sistema solar: arrogancia, adicción, prejuicio, odio, violencia, sentimientos de víctima y vergüenza.
Lo único que nos queda ahora es buscar la verdad y el poder superiores que pongan fin a esta locura y nos ayuden a ser un mundo de seres del Cristo, soberanos y llenos de respeto por nosotros mismos. Los Ejercicios Pleyadianos de Luz no son ni mucho menos la única manera de llegar a esto. Cualquier grupo espiritual o de actividad sanadora que así lo afirme o crea ser la única vía es, desde luego, algo a evitar. Sin embargo, los que se sientan atraídos por estos ejercicios son aquellos a los que van dirigidos y para los que éstos son importantes. En una ocasión se les preguntó a los pleyadianos: «¿Por qué, si estos ejercicios son clave para anclar la Presencia de Cristo en el cuerpo, es necesaria la imposición de manos para lograr los mejores resultados? ¿No crea eso exclusividad? Cristo no necesitó sesiones prácticas de sanación para anclar el alma en el cuerpo. ¿Por qué nosotros sí?»
Ra contestó: «Cristo nació de padres de espíritu despierto. Él no llegó a sufrir los daños y las mutaciones de la gente de hoy. Si hubieses nacido de padres de espíritu despierto y nunca hubieses sufrido daños y ataques externos y si el código genético de tu ADN estuviese despejado como lo estaba el suyo, estos ejercicios no serian necesarios. Habrías nacido con los canales Ka, y el eje alineado con los aspectos multidimensionales del ser superior intactos. Lo que es más, el ADN y los canales Ka no estarían dañados por la vida. Se acelerarían el crecimiento y la realización espirituales, siendo mucho más directamente accesibles. Sin embargo, la Tierra ha estado tanto tiempo en el oscurantismo espiritual que las principales civilizaciones han perdido siglos concentrándose en la avaricia, la culpa, el control de poder y la destrucción de los pueblos indígenas. Debido a éstas y otras pautas kármicas, así como a esta sociedad moderna, con sus aditivos químicos, pesticidas, contaminación acústica, radares, electricidad, microondas, televisión y ordenadores, nos han convertido en una raza mutante. Además, nuestra generación ha elegido adoptar adicciones y mutaciones genéticas, así como conductas como padres y como sociedad con el objetivo de transformarlas; somos la generación puente, el puente entre el antiguo y el nuevo mundo que va a nacer en el siglo XXI.
Se ha creado el término percepción sensorial plena para reemplazar los términos adivino y percepción extrasensorial. Este nuevo término describe con más exactitud lo que es realmente una experiencia como ésta. Creo que todos tenemos la capacidad inherente de expandir los sentidos a niveles más allá de los estímulos físicos. Esta percepción sensorial plena aparecería automáticamente si viviésemos en un entorno natural. Personas provenientes de culturas indígenas de todo el mundo han sido capaces de sentir o saber qué hierbas o sustancias naturales son necesarias para equilibrar enfermedades en seres queridos o animales. Así es como su cultura ha sentido o visto a los ayudantes espirituales, devas y hadas, así como también ha sabido construir con precisión sus pirámides siguiendo especificaciones superiores.
En una ocasión, un hombre iba por un carril de aceleración de un acceso a la autopista de San Diego, cuando se le apareció al lado un espíritu indio americano de unos sesenta metros de altura. Flotaba a su alrededor mientras comentaba: «No me extraña que tu pueblo haya olvidado escuchar y sentir la Tierra. Van demasiado deprisa. Deben reducir la marcha y quedarse quietos si quieren percibir estas cosas». El hombre sabía que tenía razón. Los obstáculos que encuentra hoy la percepción sensorial plena son la electricidad, los productos químicos, la contaminación acústica, el estrés relacionado con el trabajo y el ritmo de vida y, sencillamente, el ir demasiado deprisa. Necesitamos salir a la naturaleza y sentarnos en calma debajo de un árbol o cerca de una corriente donde sólo haya sonidos naturales. Necesitamos estar ahí hasta que nuestros pensamientos, emociones y sistema nervioso vayan más despacio y sintamos de nuevo la paz interior hasta el fondo del cuerpo y el alma. Entonces podremos oír los árboles y las corrientes y los espíritus de la naturaleza cuando nos hablen. Entonces volveremos a recordar lo que es ser Uno.
Hasta que volvamos a encontrar esta manera natural y abierta de ser, resulta fácil que muchos egos se dejen llevar por el sentimiento de ser especiales o espiritualmente superiores cuando la percepción sensorial plena vuelva a ellos. A medida que se abra el tercer ojo o recibamos enseñanzas a través de fuentes canalizadas o del Yo Superior, es fácil adoptar una actitud elitista o intentar tener seguidores. Éstas son las trampas que hay que evitar. No nos llevan a ningún sitio que valga la pena. Debemos sintonizar estas experiencias celebrando que somos normales, no extrasensoriales o adivinos. Recobramos la manera natural y sana de comunicar con nuestro entorno y con los demás.

Extraído del Libro:
Manual de Ejercicios Pleyadianos.
Bárbara Hand Clow - Amorah Quan Yin.

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